¿Cómo se diagnostica ELA?

¿Cómo se diagnostica la ELA?

Para ser diagnosticado con ELA, las personas deben tener signos y síntomas de daño en la neurona motora superior e inferior que no se pueda atribuir a otras causas. Ninguna prueba por sí sola puede proporcionar un diagnóstico definitivo de la ELA; en su lugar, el diagnóstico de la ELA se basa principalmente en los síntomas y signos que el médico observa en el paciente y en una serie de pruebas para descartar otras enfermedades. Los médicos obtienen la historia clínica completa de la persona y, por lo general, realizan un examen neurológico a intervalos regulares para evaluar si los síntomas, como debilidad muscular, atrofia muscular, hiperreflexia y espasticidad, empeoran progresivamente.

Dado que los síntomas de la ELA en las primeras etapas de la enfermedad pueden ser similares a los de una amplia variedad de otras enfermedades o trastornos más tratables, se deben realizar pruebas apropiadas para excluir la posibilidad de otras afecciones. Una de estas pruebas es la electromiografía (EMG), una técnica de registro especial que detecta la actividad eléctrica en los músculos. Ciertos hallazgos de EMG pueden apoyar el diagnóstico de ELA. Otra prueba común es un estudio de conducción nerviosa (NCS), que mide la energía eléctrica evaluando la capacidad del nervio para enviar una señal. Anomalías específicas en la ECN y la EMG pueden sugerir, por ejemplo, que el individuo tiene una forma de neuropatía periférica (daño a los nervios periféricos) o miopatía (enfermedad muscular) en lugar de ELA.

El médico puede ordenar imágenes por resonancia magnética (RM), un procedimiento no invasivo que utiliza un campo magnético y ondas de radio para tomar imágenes detalladas del cerebro y la médula espinal. Las resonancias magnéticas estándar son normales en personas con ELA. Sin embargo, pueden revelar evidencia de otros problemas que pueden estar causando los síntomas, como un tumor de la médula espinal, una hernia de disco en el cuello que comprime la médula espinal, siringomielia (un quiste en la médula espinal) o espondilosis cervical (desgaste anormal que afecta la columna vertebral en el cuello).

En función de los síntomas de la persona y los hallazgos del examen y de estas pruebas, el médico puede ordenar análisis de muestras de sangre y orina para eliminar la posibilidad de otras enfermedades, así como pruebas de laboratorio de rutina. En algunos casos, por ejemplo, si un médico sospecha que el individuo puede tener una miopatía en lugar de ELA, se puede realizar una biopsia muscular.

Las enfermedades infecciosas como el virus de inmunodeficiencia humana (VIH), el virus de la leucemia de células T humanas (HTLV), la poliomielitis, el virus del Nilo Occidental y la enfermedad de Lyme pueden causar síntomas similares a la ELA en algunos casos. Los trastornos neurológicos como la esclerosis múltiple, el síndrome post-polio, la neuropatía motora multifocal y la atrofia muscular espinal también pueden imitar ciertas facetas de la enfermedad y deben ser considerados por los médicos que intentan hacer un diagnóstico. Las fasciculaciones, los movimientos ondulantes finos en el músculo y los calambres musculares también ocurren en condiciones benignas.

Debido al pronóstico que conlleva este diagnóstico y la variedad de enfermedades o trastornos que pueden parecerse a la ELA en las primeras etapas de la enfermedad, los individuos pueden desear obtener una segunda opinión neurológica.

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